Inner Voyages

por Greg Boscole

Algunas veces cuando medito sobre la naturaleza del cosmos no puedo evitar tener esta sensación extraña, esta sensación vaga de confusión, como si hubiese vuelto de un largo viaje que ha durado miles de años subjetivos siendo que no me he movido de mi cama.

Esta sensación que me hace preguntar involuntariamente; ¿Qué estaba haciendo?, ¿Dónde estoy?… Entonces viene a mí un pensamiento, “En cada fracción de segundo se crean y destruyen millones de universos, como burbujas flotando en el más profundo vacio siendo que en realidad no está vacío, estos universos varían de tamaño, y crecen sin fin hasta terminar chocando con otras burbujas vecinas. Esta es la fábrica de universos.”

Desconozco si este pensamiento es real, pero hace que alcance un estado profundo de meditación, llevándome al reino del subconsciente donde el pregunta y ambos buscamos la respuesta mediante el razonamiento, no importa quién pregunte o quien responda, a fin de cuentas somos uno solo.

Al terminar, o salir de este trance siento como si mi cuerpo fuese reanimado, solo que en lugar de haberme ido siempre he estado aquí. Al regresar en mi observo lo que me rodea y todo me parece extraño e innecesario, no puedo evitar preguntarme; ¿Para qué son estas cosas?, todo me parece irreal, de pronto me doy cuenta que acababa de haberme hecho uno solo con el cosmos.

Atardecer

¿Qué es lo que veo?

El reflejo del sol en las hojas de las plantas desapareciendo dando lugar al centelleo de los astros celestes en una extraña transición mágica al compas de los minutos, este tono rosado en el horizonte convirtiéndose en un azul profundo como el océano.

Mi corazón se estremece al ver como la vida centelleante de las hojas desaparece, pero mi mente me recuerda que volverá, por ahora solo quedara la luz de luna que ilumine mi camino, y las estrellas me acompañen en mi soledad.

Aun teniendo la compañía de tales bellezas mi ser anhela la compañía de una compañera que entienda mi silencio y no se sienta tribulada por mi frialdad.

En lo profundo yacen las brazas de mi ser esperando que esta compañía encienda la llama de mi amor que está casi extinta.

Yo lloro y los astros lo hacen conmigo compartiendo mi lamento y el peregrinaje por esta tierra inmunda manchada con la sangre de mis hermanos, los que han sufrido mis penas y han sucumbido ante el hierro de la sociedad.

Entonces desde las colinas empieza a salir el sol dictando lo siguiente; Así como me levanto por las mañanas tus semejantes se levantaran renovados por el largo sueño que han tenido, serán despertados del malvado letargo en que cayeron, verán un nuevo día y dirán con llanto de felicidad en sus rostros por fin somos libres.

Siendo así el paraíso será reabierto por la fuente de la vida, el amor a lo que te rodea.

Y así hablo ese viejo sabio que todo lo ve, que todo lo siente, este viejo sabio que se encuentra dentro de mí.